Nunca había sentido ninguna inquietud por los números, y se daba cuenta de que le costaba mucho aprobar las asignaturas de letras. En realidad Oscar Berruezo solo se sentía cómodo haciendo garabatos en una hoja de papel con un lápiz, e incluso esculpiendo formas con algún trozo de barro de la clase de plástica. Pero pensaba que de esto no se podía vivir y se había convencido que debía ir a la universidad para labrarse un buen futuro y tener una vida tranquila.
Después de pensarlo mucho, escogió Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad de Barcelona, seguro que con una carrera así no le faltaría nunca trabajo, y al final, pensaba que ya buscaría alguna especialización que le saciara su parte creativa. 
Finalmente, después de 5 años de carrera y 12 de experiencia laboral, decidió volver  a coger aquél lápiz y aquella libreta que, en realidad, nunca había abandonado, y se lanzó al vacío.
Esperaba que los cursos que había ido acumulando a base de horas después del trabajo le sirvieran de algo. Había estudiado cómic en la Escuela Joso, animación en la 9zeros y diseño en la BAU, muchas horas de sueño perdido. 
Ya había dado el paso y se encontraba en pleno salto, no había marcha atrás. Sólo esperaba que al final de aquél precipicio en el que no veía el fondo, hubiera una colchoneta bien grande que amortiguara el golpe y consiguiera convertir aquella experiencia en algo satisfactorio. Ya era dibujante freelance, algo que, sin saberlo, había deseado toda su vida, y se sentía muy orgulloso de haber dado aquel paso. Además, sabía que si al final de todo no encontraba ninguna colchoneta, las sensaciones que estaba viviendo no las olvidaría nunca.

Nunca había sentido ninguna inquietud por los números, y se daba cuenta de que le costaba mucho aprobar las asignaturas de letras. En realidad Oscar Berruezo solo se sentía cómodo haciendo garabatos en una hoja de papel con un lápiz, e incluso esculpiendo formas con algún trozo de barro de la clase de plástica. Pero pensaba que de esto no se podía vivir y se había convencido que debía ir a la universidad para labrarse un buen futuro y tener una vida tranquila.

Después de pensarlo mucho, escogió Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad de Barcelona, seguro que con una carrera así no le faltaría nunca trabajo, y al final, pensaba que ya buscaría alguna especialización que le saciara su parte creativa. 

Finalmente, después de 5 años de carrera y 12 de experiencia laboral, decidió volver  a coger aquél lápiz y aquella libreta que, en realidad, nunca había abandonado, y se lanzó al vacío.

Esperaba que los cursos que había ido acumulando a base de horas después del trabajo le sirvieran de algo. Había estudiado cómic en la Escuela Joso, animación en la 9zeros y diseño en la BAU, muchas horas de sueño perdido. 

Ya había dado el paso y se encontraba en pleno salto, no había marcha atrás. Sólo esperaba que al final de aquél precipicio en el que no veía el fondo, hubiera una colchoneta bien grande que amortiguara el golpe y consiguiera convertir aquella experiencia en algo satisfactorio. Ya era dibujante freelance, algo que, sin saberlo, había deseado toda su vida, y se sentía muy orgulloso de haber dado aquel paso. Además, sabía que si al final de todo no encontraba ninguna colchoneta, las sensaciones que estaba viviendo no las olvidaría nunca.

Me gusta pensar que mi trabajo consiste en dibujar.

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